UN GRITO EN MEDIO DE LA NOCHE.

La oscuridad se volvió intensa... Mi atribulado corazón, buscaba la luz de ese amor que pereció, sin darme cuenta... Mi mano ...


La oscuridad se volvió intensa...

Mi atribulado corazón, buscaba
la luz de ese amor que pereció,
sin darme cuenta...

Mi mano al escribir tiembla... 
Por un breve momento solo hojeo 
mi libreta...

Recordar ese pasado me pesa...
Mi respiración...
Por momentos se vuelve lenta.
Una y otra vez me revuelco en
los porqués de mi existencia.
La violencia inmisericorde y cada
golpe... Fue la entrada a un dolor
insoportable...

Fue tan grave ese daño, que perdura
hasta hoy.

Al poco tiempo de casados lo dejé
de amar, pero procuré al menos 
tener la paciencia de resistir porque...
Volver a amarlo ya no podía y me
afligía; para poder tener la fuerza
que necesitaba para soportar su 
presencia pero...
Paso a paso... Golpe a golpe, 
insulto tras insulto...
Él mismo mató ese amor...
Ya mi corazón, al estar como muerta
se volvió frío e incapaz de poder amar.
Y así...

¿Cómo poder amarlo? 
Lo dejé de amar sí... Por él ya sólo
me quedó ese punzante dolor del
rechazo...

Porque yo intenté conquistarlo, y 
con mi amor quise borrar su pasado...  
Aunque al principio generosa le ofrecí
la libertad y el consejo de perdonar a
esa mujer que lo había traicionado.
Decidí luchar por su amor cuando se
quedó a mi lado...

Pero el decidió quedarse sólo para 
lastimarme y destruirme, ya que a
ella no se lo pudo hacer...

¿Por qué me hizo odiar mi vida misma?
¿Por qué me engañó diciendo que me
amaba? 
¿Por qué me cobró a mí, la afrenta que
de otra mujer sufriera?
¿Por qué me odió sólo por ser mujer?
¿He llorado? Sí...
Y enmedio de las tormentas grité con
todas mis fuerzas.
Sabiendo que mis gritos de dolor y 
desesperación, nadie los había escuchado.
Mis gritos fueron en medio de esa noche
que me pareció eterna...
Tantos años los encerré en una sola 
noche y este despertar, en un solo 
amanecer, cuya luz aún me ciega...
He dicho que deseé morir en esos 
momentos de infinita tristeza... 
Pero no fue por la violencia, para eso 
tuve la fuerza de un soldado enviado 
a la guerra.
La única diferencia es que ese soldado,
lleva arma y le es enseñado el método 
de defensa...
Y un solo consejo en su mente lleva...
"Matar o morir"
Yo sólo fuí a esa guerra sin armas y con
un solo consejo que de mi madre recibiera...
La mujer es sumisa, ordenada, no contesta
de mala manera... Y... 
Yo procuré obedecerla...
Yo no era como ese soldado; porque 
recibimos una diferente instrucción, 
por que mi misión no era una inspección
de rutina... Ni llevé una bolsa para el
camino, ni en mi espalda una arma que
usar para mi defensa...

Yo... No viví para que otro muriera...
Yo... Me dejé morir y aunque mi corazón
latía... Por dentro estaba como muerta.
Al morir mis ilusiones... Esa oscuridad
se volvió tan espesa, que perdí la claridad 
para pensar y mi cerebro ya no reaccionó 
porque además; la brújula de la intuición 
me falló.
Han pasado ya siete años... Pero yo no me
dí cuenta, hasta pasados tres años de que
él se fuera...
Yo estaba presa de mis propias cadenas,

sosteniendo una batalla intensa, con mi 
propia guerra.
Era un debate dónde a mí misma me formé
un juicio, acusandome del pecado de dejar
pasar mi vida sin defenderme siquiera.
Fui mi propio fiscal, Juez y verdugo y me 
condené a una cárcel eterna... 
Y me he encerrado en la propia cárcel que
para mi misma hiciera.
Aún no concebía que la muerte lo recogiera. 
El nunca pensó que esa muerte que tanto
me deseó y que me arrastró a desearla con
verdadero frenesí... A él lo escogiera y que
me dejara viva a mí.
Recuerdo que antes de morir me dijo...
¡Vendré y te arrastraré!... ¡No te dejaré viva!

Yo... No tenía miedo... Estaba maravillada
de que ya no tuviera la fuerza para hacerme
más daño en el cuerpo... 
Porque ya en ese tiempo, mi mente estaba 
en medio de un  conflicto emocional... 
En un colapso total de todas mis fuerzas y
aún sin entender ese  violento odio... 
Que ni a la hora de morir se arrepintiera.
Al menos a sus hijos pidió perdón... 
¡Cómo si tan fácil fuera!
A mí me dijo más tarde... Viste que a mis
hijos les pedí perdón... 
Pero nunca a tí; porque no me arrepiento,
 ni me arrepentiré jamás.
Mi alma desfallecía en ese momento...
Yo lo hubiera perdonado... Quizá así al
menos, hubiera mostrado un poco de
humanidad...
Dios es testigo de que así fue...

¿Era culpable de ya no amarlo?

Yo nunca le deseé la muerte y el hecho
de que él muriera y yo viviera, me llenó
de estupor... En otro de mis escritos lo
describo como a un goliat invencible...
Y ese goliat se desmoronó ante mis ojos,
como una figura de piedra, que de un solo
golpe que recibiera, lo derribó en tierra.

Yo nunca levanté mi mano; ni mi lengua,
se abrió para maldecirlo siquiera. 
La simpleza de mi corazón, me llevó a
odiarme a mí misma, incapaz de odiar
al enemigo que en mi cama durmiera.

Al volver a mi cerebro esa claridad de 
una luz muy  intensa... 
Luz que primero me encegueció...
Y ese aire fresco pegando en mi cara y,
esa voz en mi cabeza que me invitaba
a salir fuera...
Declarando que había sobrevivido a la
violencia... Me sentí viva entonces.

Pero muy culpable de que él tuviera que
morir para que yo viviera.

Fue una carga muy pesada y por mucho
tiempo caminé lenta.

El grito de en medio de mis noches se
transformó en sollozos por el padre de
mis hijos, que ni siquiera perdón me pidiera.




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